Maria Luisa Perez Bernardo Doi: io.43i2/vh.22.i.i37-i49 University of Dallas Una nueva interpretacion de «El cacique de Turmeque» de Gertrudis Gomez de Avellaneda. Palabras claves: leyenda, cronica, tiempo historico, re-escritura. 1 Introduccion En «El cacique de Turmeque» escrito en 1860 y publicado en 1871, Gertrudis Gomez de Avellaneda vuelve a narrar la cronica de Juan Rodriguez Freyre, El carnero o conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada, compuesta entre 1636-1638 y publicada por primera vez en Bogota en 1859. En esta obra, la escritora redefine la «poli'tica masculina» del gobierno vi-rreinal; haciendo hincapie en los pormenores familiares y privados de los oficiales coloniales distinguidos. Avellaneda se sirve de las fuentes histori-cas con lujo y detalle: batallas, hazanas heroicas, masacres y plagas. Pero a la vez, recrea la historia humana, escondida y perdida, en episodios creados por su propia imaginacion y sus convicciones sociales. En estas escenas fic-ticias la autora se concentra mucho mas que los cronistas en las relaciones de comprension, amistad y amor, los que difi'cilmente daban cabida en las primeras cronicas belicas de estrategias militares o en relatos mas tardi'os o informativos sobre culturas autoctonas. Al contrario de lo que haci'an los escritores espanoles de su epoca que ensalzaban la figura de los conquista-dores, subestimando el valor y la importancia de la cultura precolombina, la cubana se opone a este modelo, dirigiendo su atencion al cacique de Turmeque y su amante, Estrella. De esta manera, manipula el tiempo historico, para proponer al publico espanol del XIX otra version de la conquista, una que no era la de los vencedores, sino la de los vencidos; distanciandose del discurso dominante de su epoca. A traves de este ensayo se mostrara que Gertrudis Gomez de Avellaneda a traves de su leyenda, demuestra su determinacion y espi'ritu libre; creando personajes femeninos fuertes y comprometidos con el derecho de decidir su propio destino. Ademas, presenta una vision de la conquista de Nueva Granada distinta del historiador y tambien diferente a la que los lectores espanoles de la epoca estaban acostumbrados a leer. En contraposicion, en «El cacique de Turmeque» mucho mas que en la cronica original, se exploran los motivos relacionados con el poder de los personajes involucrados en la doble intriga amorosa y poli'tica: el adultero fiscal Orozco y su esposa; la infiel Estrella y su marido, el capitan; y don Diego de Torres, cacique de Turmeque, hijo de un conquistador y una princesa indi'gena. Como bien ha senalado Picon Garfield, de la cronica de Rodriguez Freyle, Avellaneda ampli'a los episodios novelescos y amorosos, y adopta los personajes y sucesos principales a los cuales anade la figura ficticia de la negra esclava de Estrella (Picon Garfield, 1993: 100). Tambien altera ciertos hechos significantes de los cuatro capi'tulos de El carnero y ofrece comentarios inexistentes en el texto original. 2 El cacique de Turmeque Tanto en la cronica de Juan Rodriguez Freyre, como en la leyenda de Avellaneda, se nos narra la historia del nombramiento de Juan Bautista Monzon como Visitador General del Nuevo Reino de Granada para juzgar las actua-ciones de la Audiencia y de los encomenderos1. El escritor resena de manera bastante rapida los primeros treinta anos de la historia del Nuevo Reino, para detenerse principalmente en los sucesos contemporaneos, sobre todo los que corresponden a la primera etapa de su vida, es decir, al ultimo cuarto del si-glo XVI y a los primeros anos del siglo XVII. Freyle se muestra muy poco benevolo e inclusivamente hostil hacia visitadores y jueces, hasta el punto de calificarlos de «polilla de esta tierra y menoscabo de ella» (Rodriguez Freyle, 1979: 206). Al igual que ocurrio en el resto del continente, la Audiencia se vio acompanada de un grupo muy especial de funcionarios y licenciados en leyes que, fieles al espi'ritu de su profesion, incrementaron las querellas y pusieron litigios a la orden del di'a, con lo cual, se abrio un amplio campo a las diver-sas formas de corrupcion, particularmente de extorsion y soborno. Muchas Juan Bautista Monzon puso preso a Lope Dfex Aux de Armendariz, combatio la corrupcion de los Oidores de la Real Audiencia, decreto medidas contra el fraude en los impuestos y el salvajismo contra los indigenas, salvo del destierro al Cacique Turmeque. El Fiscal de la Audiencia, Miguel de Orozco conspiro contra Bautista Monzon acusandole de aliarse con Turmeque para favorecer la invasion britanica a Santa Fe. paginas de El carnero giran en torno a los conflictos suscitados por las visitas, y la lucha por el poder economico y politico entre las diversas facciones locales. En este sentido, en el texto del escritor neogranadino se nos revelan las disputas poli'ticas y sociales que perturbaron constantemente la sociedad colonial hasta comienzos del siglo XVII y que deben interpretarse a la luz de la polaridad entre un Estado centralizador y los esfuerzos de la casta de los en-comenderos para mantener las prerrogativas que se derivaban de la conquista. Como anota certeramente Gonzalez Echevarri'a, usando la historia como pun-to de partida narrativo, Freyle compuso una serie de anecdotas y exempla para revelar las dimensiones de la vida en la colonia que otras historias ignoraron o menoscabaron (Gonzalez Echevarri'a, 2006: 185). Segun las circunstancias del relato, el narrador irrumpe brevemente en el discurso de la narracion para moralizar acerca de topicos o vicios muy diversos (sobre los danos de la em-briaguez, la perniciosa hermosura de la mujer, la maledicencia, la codicia, el tiempo, el poder, etc.). En el discurso del neogranadino se yuxtaponen epi-sodios reales con «casos» narrados en su mayor parte en la tercera persona; confrontando los hechos publicos con los privados2. Freyle ilustra su concep-cion de historia, que distingue de la del poeta, y de la funcion de su obra que es la de dar a conocer la verdad; justifica ademas su particular eleccion de los casos atribuyendo a estos y a su escrito en general un fin moral y ejemplar. La dimension autobiografica de El carnero se observa en los muchos comentarios sobre su vida y sus experiencias, como tambien en sus innumerables observa-ciones y opiniones causticas sobre la naturaleza de la sociedad y la humanidad. El autor remite constantemente a los autos de la Real Audiencia; otras veces el ha sido testigo presencial o los ha recogido de otros espectadores. Sin embargo, pronto se desentiende El carnero del rigor cronologico y del dato fidedigno sumergiendose en una empresa en la que la historia—solo en el capi'tulo XI su autor decide autodenominarse «cronista» —sirve de telon de fondo a los eventos sociales, es decir, a los relatos en los que la brujeri'a, la violencia o el interes politico constituyen la verdadera materia del asunto. La obra de Freyle es una cronica en la medida en la que el dato historico es preponderante, no obstante la alternancia de secuencias tanto historicas como folcloricas, sociales y picarescas, otorgan al relato una sugestiva intencion noveli'stica que lo ame-niza. Aunque toma ciertos caracteres de la realidad, no se detiene sobre periodos historicos de relieve y, a veces con demasiada rapidez, pasa por encima un evento de enorme importancia (Arango, 2011: 164). 2 Desde el punto de vista historiografico, Freyle se basa en las cronicas de fray Pedro Simon, el padre Juan de Castellanos y en la extensa tradicion oral americana. Al igual que el escritor neogranadino, Gomez de Avellaneda tambien afirma su deber de «no alterar la exactitud de los hechos» contados en la cronica, pero a diferencia del cronista, la escritora cubana no presume de que la perspectiva del historiador sea siempre objetiva, y declara que: «La cronica refiere —sin salir garante de que sean ciertos todos los pormenores del suceso». En este sentido, la autora parece asi imitar los modelos de la tradicion dominante, pero a la vez rompe con los valores hegemonicos; estableciendo su «auto-definicion» y en suma, diferenciandose de la creacion de sus iguales masculinos (Picon Garfield 1993: 103). La propuesta constante de cambio se encuentra codificada en la ma-nipulacion de recursos narrativos que emplea en su discurso. Como confirman Sandra Gilbert y Susan Gubar, la estrategia de las mujeres consiste en revisar, destruir y reconstruir las imagenes femeninas heredadas de la literatura mas-culina y moldeadas segun los parametros de los hombres, prototipo que todas las escritoras del siglo XIX se vei'an obligadas a adoptar como punto de partida (Gilbert y Gubar, 1979: 76). La historia de la cubana sigue las pautas del texto de Rodriguez Freyle, aunque en algunos aspectos se separa de la anecdota inicial, con lo cual, justifica sus cambios. Avellaneda prefiere hacer una «recreacion» de las cronicas de Indias; representando uno de aquellos tumultuosos cuadros del Nuevo Mundo, en el que el heroi'smo y la perversidad chocaban de continuo. La cubana narra un hecho que ocurrio con frecuencia en America; la explotacion de un natural de sus tierras en favor de los encomenderos, utilizando como pretex-to el acusarle de encabezar un levantamiento de indios. De esta manera, cuenta la historia de Diego de Torres, y como fue acusado de encabezar un movimiento popular, siendo finalmente perseguido, capturado y condenado a muerte.3 Para el cronista Rodriguez Freyle, todo el conflicto que se dio en 1570, se ex-plicaba a partir de los celos de la esposa del fiscal y las intrigas de su amante, que lo llevaron a la perdicion. Estos eventos son narrados con gran picardi'a, a manera de chismes y de diversion de tipo rabeliano, y condimentados con toques moralistas. La feroz antipati'a del autor contra las mujeres —lleva im-pli'cita una coartada, evidente en el objetivo de sus ataques: no son todas las mujeres las que reciben las diatribas, sino apenas una selecta parte compuesta por las mas «bellas». El presunto moralista deja ver de inmediato su verdadero proposito, al punto de que lo que pareci'a una furiosa admonicion se convierte pronto en una encendida erotomania. El libertino asoma sus fauces con el dicterio con que responde a la indiferencia de las hermosas, unicas criaturas 3 Diego de Torres fue acusado de ayudar a los ingleses en la preparacion de una invasion a los territorios de Nueva Granada, hecho por el cual fue encarcelado. Mas tarde, don Diego viajo a Espana y termino sus dias bajo la proteccion del rey Felipe II. a las que se enfrenta, ya que las feas no le interesan y las despacha de entrada con aire pi'caro con la frase: «cada olla tiene su cobertura» (Rodriguez Freyle, 1979: 167). El discurso sobre el genero femenino en este caso guarda una clara afinidad con la vision maniquea que divide a la mujer, sin terminos medios, en bona mulier o mala mulier. En el caso de Estrella podemos identificar por lo menos tres topicos que configuran el paradigma de la mala mulier, como son: su incontinente sexualidad, su astucia al engano y su papel como agente en la seduccion y cai'da del hombre en la depravacion moral. Ya en el capi'tulo V de El carnero, tras una curiosa interpretacion del libro del Genesis, el autor hace un largo paralelo de las mujeres «malas sabandijas, de casta de vi'boras» que a lo largo de la historia y de la ficcion gracias al «garabatillo» de su sexo han sabido cavar la fosa de muchas empresas, causas y, como no, de hombres ilustres: ahi estan para probarlo nada menos que Eva, Betsabe, la hija del Faraon, Dalila, Helena de Troya y Florinda. El ataque de Freyle contra el genero femenino adopta con frecuencia un talante socarron e incluso hiriente, mostrando en todo caso su aversion hacia las jovenes, diciendo: Siempre me topo con una mujer hermosa que me de en que entender. Grandes males han causado en el mundo las mujeres hermosas, y sin ir mas lejos, miren la primera, que sin duda fue la mas linda, como amasada de las manos de Dios, ^que tal quedo el mundo por ella? De la confesion de Adan, su marido, se puede tomar, respondio a Dios: "Senor, la mujer que me disteis, esa me despeno" jQue de ellas podi'a yo agora ensartar tres Evas! Pero quedense dice Fray Antonio de Guevara, obispo de Mondonedo, que la hermosura y la locura andan siempre juntas; y yo digo que Dios me libre de las mujeres que se olvidan de la honra y no miran al jque diran!, porque perdida la vergüenza, se perdio todo (Rodriguez Freyle, 1979: 258). Efectivamente, el escritor cita la conocida historia de la desafortunada conver-sacion que sostiene la mujer con el diablo, arremetiendo asi contra el genero femenino. Valiendose de algunos comentarios misoginos, la joven es presenta-da como la dominadora del mundo, la gobernante de los hombres, sometidos a ella por el poder de su pecado y de su mentira. En otra ocasion comenta: ^Que diferencia hay entre mandar las mujeres la republica, o mandar a los varones que mandan las republicas? Las mujeres comunmente son las que mandan el mundo; las que se sientan en los tribunales y condenan y sentencian al justo y sueltan al culpado; las que ponen y quitan leyes y ejercitan con rigor las sentencias; las que reciben dones presentes, y hacen procesos falsos" (Rodriguez Freyle, 1979: 329). En contraposicion a este discurso, Avellaneda se aleja del discurso oficial; la autora no comparti'a asi los comentarios misoginos; ofreciendo al lector una vision mas objetiva de los personajes femeninos. La leyenda de la escritora es una donde los ideales romanticos estan a flor de piel puesto que se ofrece una vision poetica del Nuevo Mundo, una apasionada defensa de la mujer, una exaltacion de los sentimientos, un canto a la libertad y una condena por tanto, de toda tirani'a. Desde una optica completamente diferente a la del escritor de Santa Fe, intenta acercarse de forma comprensiva a la que fue la desencade-nante del problema. En la leyenda de la cubana, Estrella es un personaje bien definido y estructurado cuya caracteri'stica mas sobresaliente es la belleza y la fantasia. El narrador omnisciente conoce y se aduena del personaje, desmenu-za sus sentimientos y angustias, profundiza en su mundo interior, compartien-do sus penas y compadeciendose de su situacion: Estrella, en nuestro concepto, no era una persona positivamente mala, sino que tenia—como otras muchas mujeres—la desgracia de haberse quedado incompleta, acaso por la falta de acertada educacion. Viva de fantasia, vehemente de caracter, impresionable por temperamento, careci'a en cambio, de exactitud en el raciocinio, de fijeza en las ideas, de profundidad en los efectos (Gomez de Avellaneda, 1976: 43). Para la escritora, es la falta de instruccion y preparacion de Estrella lo que la hace desviarse de la normativa moral de la epoca. La autora toma conciencia de las injusticias contra su propio sexo y llega a la conclusion de que es la sociedad la que pervierte al ser humano. Incluso al darle un nombre que sugiere "luz" parece separarse asi de los prejuicios del cronista. Segun Gomez de Avellaneda, es la fantasia de la mujer y la carencia de «exactitud en el raciocinio, fijeza de ideas y falta de profundidad en los afectos», lo que le lleva a un caos emo-cional al no poder reconciliar su ideal amoroso con la realidad que imagina; produciendo consecuentemente conflictos, dilemas y luchas internas. En este sentido, y como bien ha perfilado Alexander R. Selimov, por el modo en que instrumentaliza los motivos tradicionales en la configuracion de los personajes femeninos, asi como las caracteri'sticas de su lenguaje, su vision del mundo y su ideologi'a, la prosa narrativa de la escritora, tanto de ambientacion con-temporanea, como de asunto historico, se inscribe plenamente en la corriente romantica: «Avellaneda no solo expone los dilemas individuales del "yo" en el contexto de su rebelion cosmica, sino que aplica la tecnica romantica a la textualizacion de una aguda cri'tica a la sociedad contemporanea, arremetiendo contra la imagen domestica de la mujer» (Selimov, 2003: 79). Otro aspecto en el que Avellaneda difiere de Freyle, es en la imagen que pro-yecta del don Diego de Torres. Como bien comenta Luis Fernando Restrepo, la vision del mestizo belicoso e inmoral del discurso colonial es reemplazado por una idealizacion romantica en la obra de la cubana (Restrepo, 2010: 15). Rodriguez Freyle narra la prision y sentencia a muerte de don Diego y su posterior huida a Espana. Para el autor de El carnero, el adulterio del fiscal Orozco es sintomatico de la corrupcion del gobierno. El cacique como sujeto colonial era visto como una fuerza incapaz de una verdadera conciencia; su voluntad era deficiente debido a las inclinaciones de una sangre supuestamente corrupta. En este sentido, el cronista neogranadino cuenta en su narracion la vida de la epoca, pero no denuncia los problemas sociales; estos los considera de orden moral o de voluntad divina. Manuel Antonio Arango comenta que la condicion social relacionada directamente con los abusos contra los indios de parte de las autoridades espanolas, y de los grandes terratenientes criollos o extranjeros, los ignora por completo (Arango, 2011: 165-166). Por el contrario, en el texto de la escritora cubana, el mestizo es un galan que admiran las mujeres al verlo pasar por las calles de Santa Fe: Con dificultad se podri'a encontrar otro hombre en quien se mezclan tan armonicamente los mas nobles rasgos de los hijos de la Europa meridional, con lo caracteri'sticos de las castas superiores americanas, constituyendole un tipo magni'fico, que no vacilamos en calificar como el bello ideal de los mestizos (Gomez de Avellaneda, 1976: 44-45). Efectivamente, Avellaneda re-escribe estos capi'tulos de la cronica sobre el sub-alterno mestizo, injustamente perseguido por las autoridades. La autora en este caso interpreta ideologicamente los sentimientos de los autoctonos a merced del imperio y la actitud abusiva de los colonos; su discurso toma matices de censura en la cri'tica al poder espanol que subyace en el contexto global de la leyenda. A la informacion sobre el hijo del conquistador don Juan de Torres y la princesa Catalina de Moyachoque, hija del soberano de Tunja, anade la autora otro califi-cativo especi'ficamente racial que no figura en la cronica original: el cacique era: «gallarda postura de aquel principe indiano», de « frente altiva y espaciosa, hecha al parecer expresamente para ostentar una corona» (44). De este modo, la autora subvierte los valores dominantes de la sociedad de su tiempo, al representar al sujeto indi'gena con caracteri'sticas diametralmente opuestas a las representacio-nes de la ideologi'a colonial. A traves de la trama, la autora construye un personaje alternativo, ya que don Diego de Torres ha tenido la excepcional experiencia para un indi'gena, el hecho de tener acceso a la cultura europea en lo que se refiere a las lecturas y formacion academica; resaltando su educacion en las letras castellanas y conocimientos de la lengua y costumbres muiscas; su proclamacion como cacique y sus viajes a Espana. Don Diego al inscribirse en «cacique cristiano» buscaba legitimar su dominio tanto en la tradicion muisca como en la juri'dica hispanica, y su apelacion al amparo real como indio agravado y buen cristiano poni'a en tela de juicio los principios que legitimaban la soberani'a imperial. En este sentido, su mestizaje le confiere una cierta autoridad sobre los dos mundos, convirtiendole metaforicamente en un interprete o enlace entre ellos. En cuanto a la ficcion de Freyle, las demandas sociales de justicia de don Diego no tienen lugar en esta historia colonial, ni tampoco su disputa por el cacicaz-go se encuentra en El carnero, pues el escritor comienza la narracion del cacique tras la llegada del visitador Monzon4. Es decir, se salta el primer viaje de don Diego a Espana y, por consiguiente, no se menciona la Relacion de agravios (1578) de don Diego de Torres, donde se referi'a a los multiples abusos que sufri'an los indi'genas por parte de los encomenderos y las autoridades colonia-les neogranadinas. Como criollo terrateniente, a Rodriguez Freyle no parece interesarle mucho resaltar las querellas que levanto don Diego por el maltrato de los indios ni el reclamo de los mestizos por el cacicazgo, aunque probable-mente si tendri'a informacion de los pleitos de don Diego y Alonso de Silva (Restrepo, 2010: 27). Lo que encontramos, en cambio, en la cronica del escritor de Nueva Granada son recuerdos encubridores, los cuales prestan atencion a los aspectos secundarios. Por ejemplo, se narra con gran detalle como escapo de la prision don Diego de Torres. Ve al cacique como «un mestizo, hombre rico y gran jinete», mas nunca lo reconoce como letrado, como un escritor que conoci'a a la perfeccion tanto la cultura virreinal como la peninsular. A este respecto Luis Fernando Restrepo senala lo siguiente: «En El carnero, la conciencia moral del Nuevo Reino es funcion reservada para los criollos, no para los mestizos, ni para los indi'genas» (Restrepo, 2010: 27). Por el contrario, Avellaneda se sirve de la informacion sobre el rumor espurio de la sublevacion En El carnero, Freyle introduce dos capftulos en los que trata la historia civil de los chibchas, desfigurando completamente la realidad. Asi pues, echa por tierra los dos imperios muisca y tunjano, y cree que los caciques eran los reyes de este suelo, pero nunca menciona los abusos cometidos contra ellos. indi'gena encabezada por el cacique; pero a diferencia de la cronica, atribuye la carta al mismo cacique, haciendo de el una figura activamente subversiva, quien por anadidura censura al gobierno colonial. Ahora bien, en la version de la cubana, Estrella es asesinada por su propio esposo; convirtiendose en una figura tragica que muere al haber reafirmado su libertad e integridad de espi'ritu. De esta manera, la protagonista se inscribe perfectamente en el modelo romantico, y al mismo tiempo guarda paralelo con el prototipo de heroina clasica; encarnando el papel del amor imposible. Por el contrario, don Diego marcha a Espana, pero es perseguido por el viudo de Estrella con el fin de vengar la deshonra de la alianza del cacique con ella. Movido por la compasion, decide perdonar al cacique, y este termina sus di'as bajo la especial proteccion del rey Felipe II, monarca que dio al mestizo el ti'tulo de «Caballerizo Menor». La escritora, rompe asi con la historia, ya que nada concuerda con la realidad, con el hecho de que don Diego de Torres des-pues de presentar el Memorial de agravios, se quedo unos anos mas en Espana, donde se caso con dona Juana de Oropesa y siguio alegando sus derechos del cacicazgo y defendiendose en el proceso que se le hizo por el levantamiento, conspiracion y boti'n, hasta los Ultimos di'as de su vida. 3. Conclusion Gertrudis Gomez de Avellaneda no solo se rebelo contra los canones estable-cidos por la sociedad a traves de sus experiencias personales, sino que tambien mostro en sus escritos su inconformismo frente a una sociedad convencional. En «El cacique de Turmeque» creo figuras tragicas que reafirman su libertad e integridad del espi'ritu violando los dogmas y reglas de la comunidad de su tiempo. La escritora incurre una y otra vez en la ficcion, recreando su propia historia y, sobre todo, presentando los conflictos amorosos interraciales, en el desgarro sentimental del choque de culturas, en el enfrentamiento entre la pasion, la seduccion, la violencia y la atraccion amorosa. A diferencia de la cronica novelesca de Rodriguez Freyle que trata de enmarcar la obra dentro de una concepcion de la historia universal de claro origen cristiano-medieval y de una serie de consideraciones filosofico- morales; la narrativa de la cubana rompe de completo con este modelo. Parece ser que Avellaneda en su novela corta «El cacique de Turmeque» cuestiona la historia, y en cierto sentido re-escribe la cronica de Freyle, con el claro proposito de ofrecer al lector peninsular una version de la conquista no tan romantica o patriotica como la que estaban acostumbrados a leer los lectores espanoles de la epoca. Bibliograffa Alzate Cadavid, C. (1999): Desviacion y verdad. La re-escritura en Arenas y la Avellaneda. Boulder: Society of Spanish American Studies. Arango, M. A. (2011): Proceso historico-social en la literatura de los primeros cronistas de la conquista de America. Nueva York: Peter Lang. Bravo Villasante, C. (1973): Gertrudis Gomez de Avellaneda. Madrid: Fundacion Universitaria Espanola. Cabrera, R. (1981): Homenaje a Getrudis Gomez de Avellaneda. Memorias del simposio en el centenario de su muerte. Miami: Ediciones Universal. Friede, J. (1965): Descubrimientoy conquista del Nuevo Reino de Granada, Bogota: Ediciones Lerner. Gilbert, S. 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Through this essay it will be displayed how Avellaneda with «The cacique of Turmeque» presents a vision of Nueva Granada distinct to that of the chronicler Juan Rodriguez Freyle. In this way, the female writer manipulates historical time, to propose to the Spanish public of the 19th century another version of the conquest, one that was not that of the victors, but of the vanquished; distancing herself from the dominant discourse of her time. In «El cacique de Tumeque», Avellaneda challenges the political power of the colonial era that positioned women as inferior human beings. In her narrative, she breaks away from the established order, especially against the misogynist remarks from El carnero, a chronicle that consistently criticized and ridiculed women. Gomez de Avellaneda's work deconstructs the social and political institutions that emphasized the idea that women were intellectually subordinate. Moreover, in «El cacique de Turmeque» she defendes the dignity of the indigenous population, by reaffirming their integrity and liberty in the colonial society. Maria Luisa Perez Bernardo University of Dallas Novainterpretacija El cacique de Turmeque Gertrudis Gomez de Avellaneda Ključne besede: legenda, kronika, zgodovinski čas, ponovni zapis Gertrudis Gomez Avellaneda je znana po svojih kontroverznih in naprednih prepričanjih. Že na začetku kariere se je uveljavila kot nadarjena pisateljica, postala je znana tako po pisanju kot tudi po nekonvencionalnem obnašanju. Kot avtorica poezije, gledaliških iger, esejev in legend je že za časa svojega življenja doživela velik uspeh. Legenda El cacique de Turmeque je bila napisana leta 1860 in objavljena 1871, v njej pa avtorica reinterpretira delo Juana Rodrigueza Freyleja El carnero o conquista y descubrimiento del nuevoo reino de Granada (1636-1638). V tem prispevku je prikazano, kako v delu El cacique de Turmeque Avellaneda predstavi drugačen pogled na Nueva Granado od tistega, ki ga odraža omenjeni pisec kronik. Pisateljica se poigrava z zgodovinskim časom, da bi španskim bralcem predstavila drugačno podobo konkviste, podobo poražencev, in se distancira od diskurza, prevladujočega v njenem času. Avellaneda izziva politično oblast v kolonialnem obdobju, ki je ženske imela za nižja bitja, razbija ustaljen red in napada mizogine opazke v El carneru, kroniki, ki vztrajno kritizira in smeši ženske. Delo Gertrudis Gomez de Avel-laneda pomeni dekonstrukcijo družbenih in političnih ustanov, ki poudarjajo, da so ženske intelektualno podrejene. Poleg tega pa v El cacique de Turmeque brani dostojanstvo staroselskega prebivalstva ter potrjuje njegovo integriteto in svobodo v kolonialni družbi.