JASMINA MARKIC / EL RECUERDO Y EL OLVIDO EN CIEN ANOS DE SOLEDAD Jasmina Markic El recuerdo y el olvido en Cien años de soledad Palabras clave: recuerdo, olvido, memoria, tiempo, realidad, ficción DOI: 10.4312/ars.12.2.163-175 1 Introducción En 2017 pasaron cincuenta años de la primera publicación de la novela Cien años de soledad, una de las mejores novelas de la literatura universal actual. El estudio se centra en la cuestión del paso del tiempo y, relativo a ello, a la memoria, el recuerdo y el olvido presentes en la novela. García Márquez, en su obra magistral, crea un mundo ficticio total pero, según sus propias palabras, basado en la realidad, en sus vivencias y recuerdos: «No hay en mis novelas una línea que no esté basada en la realidad» (García Márquez, 1983, 37). Son cien años de la familia Buendía y del pueblo de Macondo, inspirado en su pueblo natal, Aracataca. Vargas Llosa la considera una novela total: [...] por su materia, en la medida que describe un mundo cerrado, desde su nacimiento hasta su muerte y en todos los órdenes que lo componen - el individual y el colectivo, el legendario y el histórico, el cotidiano y el mítico - , y por su forma, ya que la escritura y la estructura tienen, como la materia que cuaja en ellas, una naturaleza exclusiva, irrepetible y autosuficiente. (Vargas Llosa, 1971, 480) El tiempo, que desempeña un papel esencial en la obra, tiene su propia evolución en este mundo cerrado y autosuficiente: «Por una parte es un tiempo cíclico que se repite a todos los niveles de la novela y crea la sensación de un mundo mítico. Por otra parte, el tiempo real es el tiempo cronológico, lineal, implacable que lleva a la destrucción final de Macondo» (Markic, 1998a, 141). Esta dualidad es percibida por los personajes de la novela (Úrsula Iguarán, el coronel Aureliano Buendía, José Arcadio Segundo) que sienten que el tiempo transcurre en redondo donde se funden el presente, el pasado y el futuro y que los eventos se van repitiendo: José Arcadio Segundo seguía releyendo los pergaminos. [...] Al reconocer la voz de la bisabuela, movió la cabeza hacia la puerta, trató de sonreír, y sin saberlo repitió una antigua frase de Úrsula. ARS & HUMANITAS / ŠTUDIJE / STUDIES -Qué quería -murmuró-, el tiempo pasa. -Así es -dijo Úrsula-, pero no tanto. Al decirlo, tuvo conciencia de estar dando la misma réplica que recibió del coronel Aureliano Buendía en su celda de sentenciado, y una vez más se estremeció con la comprobación de que el tiempo no pasaba, como ella lo acababa de admitir, sino que daba vueltas en redondo. (CAS, 263-264)1 Los dos tiempos, el eterno mítico y el cronológico, parecen competir entre sí. Por una parte la sensación de que todo se repite, por otra parte la conciencia de que el tiempo pasa y no se puede frenarlo ni darle media vuelta. La frase que concluye la novela es testigo de la fugacidad de la vida. Prevalece el despiadado tiempo cronológico: Macondo y la familia Buendía viven su fin. No había ningún misterio en el corazón de un Buendía que fuera impenetrable para ella, porque un siglo de naipes y de experiencias le había enseñado que la historia de la familia era un engranaje de repeticiones irreparables, una rueda giratoria que hubiera seguido dando vueltas hasta la eternidad, de no haber sido por el desgaste progresivo e irremediable del eje. (CAS, 309-310) 2 El recuerdo y el olvido La noción del tiempo se vincula estrechamente con los conceptos de la memoria, el recuerdo y el olvido. Los términos recordar2 (recuerdo, recordarse), acordar (acordarse de) - estos dos términos se relacionan, significativamente, con la palabra latina cor, cordis, corazón - , olvidar (olvido, olvidarse de), memoria se repiten a lo largo de la novela. La novela se apoya, por tanto, en la memoria, en el recuerdo. La vida misma es recuerdo. García Márquez en su obra autobiográfica Vivir para contarla afirma que «la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla» (García Márquez, 2002, 7). En Cien años de soledad hasta los recuerdos se personifican: «[Rebeca] había encontrado la paz en aquella casa donde los recuerdos se materializaron por la fuerza de la evocación implacable, y se paseaban como seres humanos por los cuartos clausurados.» (CAS, 129) 1 Los ejemplos citados de Cien años de soledad son de la editorial La Oveja Negra de Bogotá de 1986 y van marcados entre paréntesis con las inciales de la obra CAS seguidas de la página correspondiente. 2 Recordar del lat. recordari, tr. Pasar a tener en la mente algo del pasado. Acordar del lat. *accordare, der. de cor, cordis ,corazón, tr. Traer algo a la memoria de otra persona. Olvidar del lat. vulg. *oblitare, y este der. del lat. oblitus, part. de oblivisci. tr. Dejar de retener en la mente algo o a alguien. U. t. c. intr., intr. prnl. Perder de la memoria, de la consideración o de la estima. Memoria del lat. memoria. f. Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado. (DLE, http://www.rae.es/obras-academicas/diccionarios/diccionario-de-la-lengua-espanola [1. 10. 2018].) 164 JASMINA MARKIC / EL RECUERDO Y EL OLVIDO EN CIEN ANOS DE SOLEDAD El punto de partida de Cien años de soledad es una imagen visual de «un viejo que lleva a un niño a conocer el hielo exhibido como curiosidad de circo» (García Márquez, 1983, 27). De esa imagen, de ese recuerdo de García Márquez, cuando su abuelo, el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía - a quien sus nietos llamaban Papalelo - lo llevó al campamento de la compañía bananera, donde ordenó abrir una caja de pargos congelados e hizo que el niño metiera la mano, parte todo Cien años de soledad (ibídem). Pero en la novela es el padre (José Arcadio Buendía), no el abuelo, el que lleva a su hijo, al futuro coronel Aureliano Buendía, a conocer el hielo. La primera frase de la novela es decisiva en las obras de García Márquez y el autor le asigna mucha importancia «porque la primera frase puede ser el laboratorio para establecer muchos elementos del estilo, de la estructura y hasta de la longitud del libro» (García Márquez, 1983, 27). En sus conversaciones con su amigo Plinio Apuleyo Mendoza, García Márquez confiesa que el momento más difícil al ponerse a escribir una novela es justamente escribir la primera frase: - ¿Cuál fue para ti el momento más difícil de la novela? - Empezar. Recuerdo muy bien el día en que terminé con mucha dificultad la primera frase, y me pregunté aterrorizado qué carajo vendría después. (Gabriel García Márquez, 1983, 80) La primera frase de Cien años de soledad es un flash forward que empuja los hechos hacia adelante en el tiempo (al encontrarse frente al pelotón de fusilamiento), seguido de un flash back cuando Aureliano Buendía se acuerda de su infancia (cuando el padre lo llevó a conocer el hielo). Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. (CAS, 9) Desde allí el relato sigue el orden cronológico lineal natural hasta alcanzar el momento de encontrarse Aureliano Buendía frente el pelotón de fusilamiento cuando vuelve a recordar el mismo momento de su niñez. El recuerdo se transforma en imágenes, ante la inminencia de la muerte el condenado ve los momentos felices de su vida3. Cuando el pelotón lo apuntó, la rabia se había materializado en una sustancia viscosa y amarga que le adormeció la lengua y lo obligó a cerrar los ojos. Entonces desapareció el resplandor de aluminio del amanecer, y volvió a verse a sí mismo, muy niño, con pantalones cortos y un lazo en el cuello, y vio a su padre en una tarde espléndida conduciéndolo al interior de la carpa, y vio el hielo. (CAS, 107-108) 3 Al final no es fusilado porque lo salva José Arcadio. 165 ARS & HUMANITAS / ŠTUDIJE / STUDIES El mismo recuerdo de su niñez vuelve cuando Aureliano Buendía está a punto de morir: «Iba para el patio, a las cuatro y diez, cuando oyó los cobres lejanos, los retumbos del bombo y el júbilo de los niños y por primera vez desde su juventud pisó conscientemente una trampa de la nostalgia, y revivió la prodigiosa tarde de gitanos en que su padre lo llevó a conocer el hielo.» (CAS, 211) Este recuerdo de su infancia que desencadena los acontecimientos de la novela se presenta con un medio lingüístico interesante. Se trata de la perífrasis verbal haber de + infinitivo (el auxiliar haber está en imperfecto de indicativo - había de recordar) con valor predominante de modalidad deóntica que en conjunción con sus valores temporal de posterioridad y aspectual de inminencia de la acción resulta en un matiz de algo fatal, ineludible, trágico (Markic, 1998b, 79). Se repite como una fórmula mágica a lo largo de la novela señalando eventos presentes y venideros importantes en la vida de los protagonistas (CAS 44, CAS 148), muchas veces premonitorios y fatales (CAS 178, CAS 47, CAS 231). Con la perífrasis se presentan también acontecimientos que marcan o marcarán profundamente a los macondinos, acontecimientos que nunca olvidarán y seguirán obsesionados con ellos durante toda su vida (CAS 239) y que a veces llegan a transformarse en una memoria colectiva, en recuerdo hereditario (CAS 13). Los niños se asombraron con sus relatos fantásticos. Aureliano que no tenía entonces más de cinco años, había de recordarlo por el resto de su vida como lo vio aquella tarde, sentado contra la claridad metálica y reverberante de la ventana, alumbrando con su profunda voz de órgano los territorios más oscuros de la imaginación, mientras chorreaba por sus sienes la grasa derretida por el calor. José Arcadio, su hermano mayor, había de transmitir aquella imagen maravillosa, como un recuerdo hereditario a toda su descendencia. (CAS, 13) Fue Aureliano quien concibió la fórmula que había de defenderlos durante varios meses de las evasiones de la memoria. (CAS, 44) Tenía la misma languidez y la misma mirada clarividente que había de tener años más tarde frente al pelotón de fusilamiento. (CAS, 47) Años después, en su lecho de agonía, Aureliano Segundo había de recordar la lluviosa tarde de junio en que entró en el dormitorio a conocer su primer hijo. (CAS, 148) El inocente tren amarillo que tantas incertidumbres y evidencias y tantos halagos y desventuras, y tantos cambios, calamidades y nostalgias había de llevar a Macondo. (CAS 178) Los acontecimientos que habían de darle el golpe mortal a Macondo empezaban a vislumbrarse cuando llevaron a la casa al hijo de Meme Buendía. (CAS, 231) 166 JASMINA MARKIC / EL RECUERDO Y EL OLVIDO EN CIEN ANOS DE SOLEDAD Muchos años después, ese niño había de seguir contando, sin que nadie se lo creyera, que había visto al teniente leyendo con una bocina de gramófono el Decreto Número 4 del Jefe Civil y Militar de la provincia. (CAS, 239) La primera frase se repite de una manera casi idéntica cuando Arcadio Buendía se encuentra frente al pelotón de fusilamiento (CAS, 63). Solo que esta vez aparece el verbo acordarse de y no recordar. Y el recuerdo se refiere a los manuscritos que le leyó Melquíades años antes. Años después, frente al pelotón de fusilamiento, Arcadio había de acordarse del temblor con que Melquíades le hizo escuchar varias páginas de su escritura impenetrable, que por supuesto no entendió, pero que al ser leídas en voz alta parecían encíclicas cantadas (CAS 63) 3 La lucha contra el olvido En Cien años de soledad los habitantes de Macondo se las ingenian de diferentes maneras para luchar contra el olvido al que son expuestos debido a diferentes acontecimientos, la vejez, el paso de los años y las enfermedades. Cuando los gitanos irrumpen en el pacible e idílico Macondo llevando al pueblo toda una serie de inventos y artefactos insólitos, entre otros el aparato para olvidar los malos recuerdos, José Arcadio Buendía quería inventar una máquina de la memoria para poder acordarse de todas las invenciones (CAS, 20). Un día contrajeron la enfermedad contagiosa del insomnio y lo más temible de esta enfermedad «no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido» (CAS, 42). Los habitantes de Macondo lograron aislar el pueblo y crear una cuarentena que evitó que la peste se propagara a otros pueblos. Pero lo peor fue el hecho de que, poco a poco, se fueron olvidando de «los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aun la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado» (CAS, 42). Aureliano inventó un método para luchar contra el olvido: el de marcar cada cosa, animal y planta con su nombre. Para no olvidarse del nombre del pueblo en «la entrada del camino de la ciénaga se había puesto un anuncio que decía Macondo y otro más grande en la calle central que decía Dios existe» (CAS, 45) para no olvidarse de la existencia de Dios. Pero pronto «estudiando las infinitas posibilidades del olvido» se dieron cuenta «de que podía llegar un día en que se reconocieran las cosas por sus inscripciones, pero no se recordara su utilidad« (CAS, 44). Así que decidieron poner letreros explicando para qué servían las cosas. La mayoría vivía en una realidad momentáneamente capturada por las palabras pero eran conscientes 167 ARS & HUMANITAS / ŠTUDIJE / STUDIES de que esta realidad se fugaría cuando se olvidaran de las letras. Como este sistema exigía mucha vigilancia, la mayoría de los habitantes de Macondo se hundió en una realidad ficticia que ellos mismos inventaron. Así, por ejemplo, los naipes ya no servían para leer el futuro sino el pasado. El único que se obstinaba a seguir luchando era José Arcadio Buendía que decidió construir una máquina de la memoria, un tipo de diccionario giratorio que, operando una manivela, permitiría repasar todas las mañanas la totalidad de los conocimientos adquiridos en la vida. Logró escribir unas catorce mil fichas cuando reapareció en Macondo Melquíades que venía del mundo «donde todavía los hombres podían dormir y recordar» (CAS, 46). Cuando se dio cuenta de la enfermedad que padecía el pueblo entero, curó a todos los habitantes de Macondo con sus pócimas y así Macondo pudo celebrar la reconquista de los recuerdos. Otra manera de salvar la memoria y luchar contra el tiempo y el olvido era utilizar el nuevo invento de Melquíades: el daguerrotipo. José Arcadio Buendía no lo conocía y estaba asustado porque «pensaba que la gente se iba gastando poco a poco a medida que su imagen pasaba a las placas metálicas [...] Pero cuando se vio a sí mismo y a toda su familia plasmados en una edad eterna sobre una lámina de metal tornasol, se quedó mudo de estupor» (CAS, 46). El único daguerrotipo familiar, que resistió al tiempo, fue el daguerrotipo en el que «Aureliano apareció vestido de terciopelo negro entre Amaranta y Rebeca» (CAS, 47). La repetición también puede servir como método de liberarse del olvido. Tanto la repetición como la enumeración son características del estilo graciamarquiano4. En numerosos fragmentos de la novela asistimos a reiteraciones y repeticiones como en el pasaje siguiente en que el coronel Aureliano Buendía siempre sueña el mismo sueño pero solo se acuerda de él dentro del sueño. En estado de vigilia no lo recuerda: En el sueño recordó que había soñado lo mismo la noche anterior y en muchas noches los últimos años, y supo que la imagen se habría borrado de su memoria al despertar, porque aquel sueño recurrente tenía la virtud de no ser recordado sino dentro del mismo sueño. (CAS, 210) Asimismo, Úrsula descubre que los miembros de la familia repiten los mismos actos, dicen las mismas palabras, hacen los mismos recorridos por la casa, lo que le ayuda a orientarse cuando pierde la vista: [...] y al cabo de algún tiempo descubrió que cada miembro de la familia repetía todos los días, sin darse cuenta, los mismos recorridos, los mismos 4 «Los grandes procedimientos de la estrategia narrativa de esta novela son la exageración, la enumeración, la repetición y las cualidades trastocadas de los objetos» (Vargas Llosa, 1971, 579). 168 JASMINA MARKIC / EL RECUERDO Y EL OLVIDO EN CIEN ANOS DE SOLEDAD actos, y que casi repetía las mismas palabras a la misma hora. Solo cuando se salían de esa meticulosa rutina corrían el riesgo de perder algo. (CAS, 196) Desde el momento en que cambian el recorrido rutinario por la casa suelen perder cosas y olvidarse donde las han dejado «sin saber que la búsqueda de las cosas queda entorpecida por los hábitos rutinarios, y es por eso que cuesta tanto trabajo encontrarlas» (CAS, 197). Antes de perder la lucidez, Úrsula perdió la vista. Con la memoria reemplaza la capacidad de ver con los ojos. Se empeñó en un callado aprendizaje de las distancias de las cosas, y de las voces de la gente, para seguir viendo con la memoria cuando ya no se lo permitían las sombras de las cataratas. [...] Conoció con tanta seguridad el lugar en que se encontraba cada cosa, que ella misma se olvidaba a veces de que estaba ciega. (CAS, 196) Pero no solo contra el olvido luchan los Buendía, sino también contra el recuerdo. Para borrar el recuerdo de Rebeca, que le quita el sosiego, Aureliano recurre a la bebida. Bebe para olvidarse de ella, pero ocurre todo lo contrario «mientras más bebía más se acordaba de Remedios, pero soportaba mejor la tortura de su recuerdo» (CAS, 59). Logró emborracharse totalmente y perder la memoria «como en los tiempos del olvido», pero «la volvió a recobrar en una madrugada ajena y en un cuarto que le era completamente extraño» (CAS, 60). 4 La edad y la memoria La edad deteriora la memoria. Esto espolea el temor del anciano a que el no poder recordar sea el comienzo de su declive como persona: la demencia y la amnesia. Los ancianos son más propensos a los recuerdos ilusorios y no tienen tanta memoria de trabajo, es decir, no pueden hacer bien varias cosas a la vez. Sin embargo pueden seguir aprendiendo con lentitud. Recuerdan más lo antiguo, pues se basan en asociaciones muy consolidadas y lo nuevo no les resulta tan familiar. Si además lo repiten (las historias del abuelo) lo fijan más. Cuando llegamos a viejos, además, nos preocupamos de revisar el pasado, recuperar y ver quiénes hemos llegado a ser. Los ancianos son puentes entre generaciones, transmisores del saber, pero la cultura occidental sustituye ese poder y los arrincona, provocando una rotura insalvable. (Sánchez Ruiz, López-Aparicio, 2008, 29) Macondo envejece, sus habitantes envejecen, los miembros de la familia Buendía van envejeciendo y muriendo. Solo Úrsula parece desafiar al tiempo. Se calcula que murió cuando tenía entre ciento quince y ciento ventidós años. 169 ARS & HUMANITAS / ŠTUDIJE / STUDIES En la novela hay varias menciones de demencia senil5. Así por ejemplo, Melquíades, antes de morir, padece de demencia senil que se va agravando rápidamente. Poco después de su regreso, el envejecimiento se acentúa tanto que «pronto se le tuvo por uno de esos bisabuelos inútiles que deambulan como sombras por los dormitorios, arrastrando los pies, recordando mejores tiempos en voz alta, y de quienes nadie se ocupa ni se acuerda en realidad hasta el día que amanecen muertos en la cama» (CAS, 62). Antes de morir Úrsula confundía los acontecimientos, las personas, el tiempo, poco a poco iba perdiendo la razón: «Llegó a revolver de tal modo el pasado con la actualidad, que en las dos o tres ráfagas de lucidez que tuvo antes de morir, nadie supo a ciencia cierta si hablaba de lo que sentía o de lo que recordaba» (CAS, 268). Así como sus héroes también el autor habría padecido de demencia senil antes de morir en abril de 2014. Según las informaciones de algunos periódicos que citan a su hermano Jaime García Márquez, «el autor de ,Cien años de soledad' y ,Amor en tiempos del cólera' lleva varios años padeciendo de demencia senil. [...] Y según Jaime García Márquez es un padecimiento bastante común en la familia del ganador del Premio Nobel de Literatura de 1982» (Wallace, 2012). 5 Memoria histórica En una conversación con Miguel Fernández-Braso (Pontiero, 1981, xli) a la pregunta de este cuál sería la novela ideal, García Márquez responde: «Una novela absolutamente libre, que no sólo inquiete por su contenido político y social, sino por su poder de penetración en la realidad y mejor aún si es capaz de voltear la realidad al revés para mostrar cómo es del otro lado». Cien años de soledad es una novela ideal que inquieta también por su contenido político y social. Los cien años de Macondo se sitúan en la época de la Guerra de los Mil Días (1899-1902) entre los liberales y los conservadores, y el periodo posterior, la época de la aparición de la compañía bananera que por un lado lleva prosperidad y riqueza al pueblo pero, por otro lado, explota a los trabajadores y destruye el entorno natural y social y, cuando se marcha, deja detrás de sí desolación y pobreza. [...] la United Fruit Company, diosa poderosa que al crear enclaves bajo sus propias leyes, con su policía, sus comisarios, su propia moneda, sus ferrocarriles y sus puertos, trastoca y pervierte el mundo rural. [...] Desde 5 La demencia senil es un término que concentra la disminución del funcionamiento intelectual que interfiere en las funciones cotidianas y que afecta, de forma completa o parcial, a dos o más capacidades del paciente, como la memoria, el lenguaje, la percepción, el juicio o el razonamiento (https://cuidateplus.marca.com/enfermedades/neurologicas/demencia-senil.html [1. 10. 2018].) 170 JASMINA MARKIC / EL RECUERDO Y EL OLVIDO EN CIEN ANOS DE SOLEDAD inicios del siglo XX, y durante al menos cincuenta años, la United Fruit pone en jaque la soberanía de Guatemala, Costa Rica, Honduras, Panamá y Colombia. [...] Para aquellas naciones de economía rural, desperdigadas y pequeñas, el estigma de repúblicas bananeras vino a deshacer sus sueños de modernidad ideal, trocados en una modernidad falsa y vergonzante. (Ramírez, 2007, 544-545) A través de la historia de los cien años de los Buendía se memoriza parte de la historia de Colombia con la repetición de hechos históricos de la guerra (CAS 88, CAS 102, CAS 118), el armisticio de Neerlandia (142, 143), las imágenes de la huelga y la masacre de los obreros de la bananera (CAS 239, CAS 241, CAS, 242) que tienen un fuerte impacto en la vida de los protagonistas y de Macondo. Estas imágenes aparecen y reaparecen a lo largo de la novela como si de esta manera se quisiera luchar contra el olvido y presentar los hechos ocurridos que oficialmente se niegan que hayan sucedido, como p.ej. la masacre de los obreros de la compañía bananera ocurrida el 6 de diciembre de 1928. El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos. (CAS, 88) En mayo terminó la guerra. (CAS, 102) Poco después empezaron a recibirse noticias contradictorias de la guerra. Mientras el propio gobierno admitía los progresos de la rebelión, los oficiales de Macondo tenían informes confidenciales de la inminencia de una paz negociada. (CAS, 118) El martes del armisticio amaneció tibio y lluvioso. (CAS, 142) El acto se celebró a veinte kilómetros de Macondo, a la sombra de una ceiba gigantesca en torno a la cual había de fundarse más tarde el pueblo de Neerlandia. (CAS, 143) Debían de haber pasado varias horas después de la masacre. (CAS, 241) Debían de ser como tres mil - murmuró. - ¿Qué? - Los muertos - aclaró él - . Debían ser todos los que estaban en la estación. La mujer lo midió con una mirada de lástima. «Aquí no ha habido muertos», dijo. (CAS, 242) 6 A título de conclusión El recuerdo y el olvido, como se ha visto, son un tema recurrente de la novela, presente en casi cada página del libro. Y no son solamente recuerdos de los protagonistas sino los del mismo autor de Cien años de soledad. El punto de partida de su novela está 171 ARS & HUMANITAS / ŠTUDIJE / STUDIES vinculado a una vivencia personal, el viaje con su madre a Aracataca para vender la casa. Cuenta García Márquez: Ni mi madre ni yo, por supuesto, hubiéramos podido imaginar siquiera que aquel cándido paseo de solo dos días iba a ser tan determinante para mí, que la más larga y diligente de las vidas no me alcanzaría para acabar de contarlo. Ahora, con más de sesenta y cinco años bien medidos, sé que fue la decisión más importante de cuantas tuve que tomar en mi carrera de escritor. Es decir: de toda la vida. (García Márquez, 2002, 11) Las vivencias pasadas, el transcurrir del tiempo, los estragos que deja el tiempo y siembra soledad en los humanos son compartidos por el autor y sus protagonistas. El propósito, al sentarse a escribir Cien años de soledad, dice el autor, fue «darle una salida literaria, integral, a todas las experiencias que de algún modo me hubieran afectado durante la infancia» (García Márquez, 1983, 75). Por un lado, la memoria personal de un tiempo pasado: [...] quise solo dejar constancia poética del mundo de mi infancia, que como sabes transcurrió en una casa grande, muy triste, con una hermana que comía tierra y una abuela que adivinaba el porvenir, y numerosos parientes de nombre iguales que nunca hicieron mucha distinción entre la felicidad y la demencia. (ibídem) Por otro lado, la historia del continente latinoamericano: «La historia de América Latina es también una suma de esfuerzos desmesurados e inútiles y de dramas condenados de antemano al olvido. La peste del olvido existe también entre nosotros» (García Márquez, 1983,76). Sin embargo, la memoria es tramposa, como el tiempo suele desfigurar los hechos, hacerlos diferentes de la realidad. En el viaje que hizo con su madre a Aracataca en 1950 se dio cuenta de que: Todo era idéntico a los recuerdos, pero más reducido y pobre, y arrasado por una ventarrón de fatalidad: las mismas casas carcomidas, los techos de cinc perforados por el óxido, el camellón con los escombros de las bancas de granito y los almendros tristes, y todo transfigurado por aquel polvo invisible y ardiente que engañaba la vista y calcinaba la piel. (García Márquez, 2002, 31) Cien años de soledad es un magnífico entrelazamiento entre lo real y lo imaginario. En la novela irrumpen recuerdos, memorias y olvidos hasta llegar a su fin. 172 JASMINA MARKIC / EL RECUERDO Y EL OLVIDO EN CIEN ANOS DE SOLEDAD Bibliografía García Márquez, G., El olor de la guayaba, Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza, Bogotá 1983. García Márquez, G., Cien años de soledad, Bogotá 1986. García Márquez, G., Vivir para contarla, Barcelona 2002. 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Spominjanje in pozabljanje je eden ključnih elementov v romanu, kjer se prepletajo dogodki iz realnega in namišljenega, magičnega sveta. Po eni strani García Márquez svoj roman umešča v zgodovinska dogajanja in s tem prispeva k obujanju spomina na dogodke, ki so bili pogosto zamolčani in o katerih zgodovinske knjige ne pišejo, po drugi strani pa gre tudi za kolektivni in osebni spomin protagonistov. Spominjanja, pozabljanja in obujanja spominov se avtor loti s posebnimi slogovnimi prijemi, s skladenjskimi in semantičnimi pristopi, kot so npr. raba določenih glagolskih oblik, ponavljanja in drugo. 174 JASMINA MARKIC / EL RECUERDO Y EL OLVIDO EN CIEN ANOS DE SOLEDAD Jasmina Markic Memory and Oblivion in One Hundred Years of Solitude Keywords: remembering, oblivion, memory, time, reality, fiction 2017 marked 50 years since the first publication of the novel One Hundred Years of Solitude by García Márquez, one of the most important novels in the Spanish-speaking world and contemporary literature in general. The article focuses on the question of the passing of time and the historical, collective and personal memory associated with it. Already in the first sentence of the novel ("Many years later, as he faced the firing squad, Colonel Aureliano Buendía was to remember that distant afternoon when his father took him to discover ice"), the verb to remember triggers the whole course of events in the novel. Remembering and forgetting are one of the key elements where events from the real and imaginary world intertwine. On the one hand, García Márquez places his novel in historical events, thereby contributing to the memory of events that were often silenced in official historical books. On the other hand, it is also a collective and personal memory of the protagonists. The author uses special stylistic approaches based also on syntactic and semantic approaches such as, for example, the use of certain verbal forms, repetitions, etc. to recreate memory and oblivion. 175